Soy Erandy. Desde niña las imágenes me han fascinado. Cada fotografía que coleccionaba tenía un poder: me hablaba, me hacía sentir.
Un día, en una boda a la que fui como invitada, descubrí algo que lo cambió todo: vi a un fotógrafo moverse entre la gente, casi invisible, capturando emociones reales. Cuando miré las fotos resultantes, entendí que había vivido ese día con más intensidad a través de sus imágenes que estando allí. Y pensé: ¿Y si yo pudiera hacer eso? ¿Y si pudiera crear imágenes que hicieran sentir a otros lo que yo sentí en ese instante?
Así empezó todo. Las bodas fueron mi primera gran escuela de emociones. Me atraparon por su autenticidad y por la esperanza de ese “sí, acepto”. Durante años, cada boda ha sido para mí una forma de honrar la vida, el amor y la memoria. Pero con el tiempo, observar tantas historias me hizo comprender que la cámara no solo sirve para mirar hacia afuera y guardar recuerdos, sino que tiene un poder inmenso para mirar hacia adentro.
El origen de mi mirada
La imagen como espejo
Mi estilo siempre ha sido una mezcla de lo documental y lo artístico, pero hoy mi búsqueda va mucho más allá. Entendí que una imagen es espejo y memoria al mismo tiempo; puede ser un acto de introspección, un recordatorio de quién eres y una herramienta poderosa para sanar.
Para poder acompañar a las personas en este viaje de descubrimiento a través de la imagen, decidí profesionalizar esa inquietud. Hoy, mi enfoque se nutre de una sólida formación en este campo:
Máster en Nueva Fotografía Documental por la escuela de diseño LABASAD, Barcelona (2023-2024).
Especialización en Fotografía para el Autoconocimiento (2026). Por Andana Fotografia y desarrollo
Especialización en Fotografía Terapéutica y Participativa (2026).
Curso de Arteterapia (2025) Por Metafora, Barcelona
próximamente el Posgrado en Pedagogía Visual y Terapéutica de la Imagen (2026-2027) por Instituto 8, Barcelona.
Hoy no solo capturo instantes: facilito procesos. Creo piezas con alma y utilizo la fotografía para que te encuentres contigo mismo. Ya sea en un reportaje íntimo, de marca personal o retrato, o mis talleres enfocados al autoconocimiento, mi trato sigue siendo cálido, flexible y cercano, porque sé que la confianza es lo que abre la puerta a la verdadera autenticidad.
Inspiración y vida
La inspiración la encuentro en muchos lugares: en la música, en la lectura, en lo hecho a mano, en todas las artes, en la belleza de lo imperfecto. En mi propio trabajo exploro técnicas mixtas —como el collage, el bordado sobre fotografías y el dibujo— porque creo que el arte siempre tiene nuevas formas de contar lo que sentimos. Todo esto lo integro con herramientas que he ido sumando a mi práctica, como la fotobiografía, los talleres de narrativa terapéutica y la escritura terapéutica.
Pero si hay algo que realmente me ha transformado y le da sentido a lo que hago, es mi propia historia. Mi familia es mi mayor inspiración.
Ser madre me ha enseñado a ver la vida con otros ojos: a valorar lo efímero, a detenerme en los pequeños momentos, a capturar la belleza de lo cotidiano. El amor se construye con paciencia, con un chocolate sobre la mesa, en los silencios incómodos y en las miradas que dicen más que las palabras.
Mis hijos me han mostrado que la felicidad está en lo espontáneo: en la forma en que me buscan con la mirada o en sus pequeñas manitas sosteniendo las mías. Con ellos he aprendido que la memoria es frágil, pero que el arte y la imagen tienen el poder de hacer que un instante, o una emoción, dure para siempre.